En repetidas oportunidades, sucede que: o bien olvidamos medir la cantidad de picante que añadimos a nuestros platos, o simplemente la preparación resulta tener demasiado picante, tanto, que en ocasiones sobrepasa nuestro umbral tolerancia. Es entonces cuando no podemos evitar silbar en la mesa intentado calmar el picante, algo que no resulta agradable para nosotros mismos, aunque si puede resultar jocoso para los demás acompañantes en la mesa.

La primera reacción tras percibir mucho picante, es beber inmediatamente cualquier líquido, preferentemente agua, sin embargo, la capsaicina (molécula que nos provoca la sensación de picante), es insoluble al agua, es decir, el agua no neutraliza su efecto. Por otro lado, ya que el ají activa los receptores del dolor y principalmente del calor, lo más aconsejable es ingerir algo frío (si su bebida viene con hielo, estará a salvo).

Otro remedios inmediatos, pueden ser los siguientes:

Pepinos:
tardará unos segundos en aliviar el picante de la lengua, es refrescante y enfriará levemente su boca. Funcionará mucho mejor si está en rodajas.

Leche fría:
Tan solo la baja temperatura ayudará a aplacar el picante de su lengua y paladar.

Azúcar:
Ingiera un poco de azúcar y deje a ésta reposar unos segundos sobre su lengua, notará como el dolor se apacigua mientras el azúcar se derrite.

Chocolate:
No es muy común ingerir un cholate en la mesa, pero si no cuenta con ninguno de los anteriores elementos (y extrañamente tiene un chocolate a la mano), pues tan solo repose una pieza de chocolate en su boca, el efecto de alivio no tardará mucho.