Las grasas del cerdo tienen la ventaja de variar según el tipo de alimentación que reciba el animal, situación que no ocurre de igual forma con la carne de vaca. Los animales alimentados al aire libre con pasturas adecuadas presentan cortes más magros y una mejor calidad de grasas.

De esta forma la carne de cerdo aporta un 60 % de grasas insaturadas (principalmente monoinsaturadas) beneficiosas para nuestro organismo, mientras que la carne de vaca tiene un 55% de insaturadas y el cordero un 47 %. Al no ser rumiantes los cerdos no fabrican grasas trans (grasas relacionadas con el aumento del colesterol sanguíneo) y que si están presentes en la carne de vaca.

Con respecto al colesterol, la carne magra de cerdo aporta entre 40 a 60 mg de colesterol por bife de 100g. Siendo similar al resto de las carnes magras (pollo, carne de ternera y cordero). Tener en cuenta que una dieta saludable incluye el consumo de hasta 300 mg de colesterol por día.