Del idioma aymara se origina la palabra jawita, que significa "pintada”. Con las manos en la masa, se pueden encontrar a las mujeres yungeñas preparar las más sabrosas empanadas de toda Bolivia, rellenas de un generoso queso que no deja de cautivar, en especial, a los pobladores de La Paz.
 
La región yungeña se ha convertido en un patrimonio gastronómico de Bolivia por albergar a las mejores cocineras de jawitas. Desde las más rudimentarias y tradicionales, hasta las más modernas, las yungueñas poseen ese ingrediente secreto que evita que otros entusiastas de la cocina hallen la manera de preparar las jawitas que tanto gustan.
 
En La Paz, siguen ganando adeptos por el sabor de estas ricas empanadas que son vendidas por locales caseros, que poco a poco, han establecido sucursales en cada esquina de la capital. Y es que, para los bolivianos, no hay nada mejor que deleitarnos con lo nuestro.
 
En otras zonas rurales, al calor de los hornos de barro y arcilla, familias enteras se dedican día a día a elaborar las colorantes jawitas para la venta en plazas y zonas concurridas de Irupana. Desde las abuelitas hasta las nietas, la tradición continua, y con ella, el secreto para prepararlas con sabor de antaño.
 
Preparar yawitas es toda una herencia bien apreciadas por las mujeres yungueñas, no solo por ser un medio de vida, también por lo que representa como historia viva aymara. Probarlas es deleitarse con ese sabor dulce-salado, inolvidable en cada bocado.