A principios del siglo XX, más precisamente en el año 1908, llegó a la ciudad de La Paz un sándwich proveniente de Perú, a base de butifarra -un embutido que se realiza con carne de cerdo-. Esta novedad tuvo una gran aceptación en Bolivia, donde era vendido por las “cholas”, que son unas mujeres del altiplano boliviano que se destacan por utilizar trenzas en su pelo y que se visten con hermosas mantas, las tradicionales polleras largas de colores y galeras.

Acompañado por lechuga, verduras y pan, este bocado fue transformándose con algunas modificaciones que las cholas le fueron haciendo a la receta tradicional. El pan fue cambiado por uno redondo -también conocido como sarnita, que contiene queso- o marraqueta, se le sumó el escabeche -aportado por la influencia de los inmigrantes árabes-, la carne de pierna de cerno reemplazó el embutido y se le incluyó ají.

De esta manera, el emparedado ya tenía un sabor más picante, pero aún faltaban más cambios. A mediados de los años 50, esta comida al paso ya había ganado más popularidad y comenzó a ser muy común que se sirva con chicharrón, llajhua y mayonesa además del resto de los ingredientes.

En sus comienzos el sándwich de chola era un protagonista principal en las fiestas patronales que se celebraban en los distintos barrios de la ciudad de La Paz, pero con el correr de las décadas su consumo se fue expandiendo hacia otros límites. Actualmente puede encontrarse en los principales centros comerciales de las ciudades y no solamente en épocas de festividades o celebraciones, si no en cualquier momento del año.