Desde hace ya mucho tiempo que se realizan estudios que relacionan las dietas estrictas con la longevidad en las personas. Y hasta ahora, la relación directa con mayores pruebas de eficacia, son las dietas con bajos niveles de calorías.

Es necesario que comer menos no es sinónimos de comer mal, comer menos debería ser, en este caso, sinónimo de comer mejor. Las dietas bajas en calorías, o hipocalóricas, han demostrado hasta el momento ser capaces de aumentar la expectativa de vida.

A medida que pasan los años, los daños por oxidación de las células se incrementa, pero las dietas hipocalóricas reducen esta oxidación celular, y por lo tanto de los órganos de nuestro organismo. Estamos condicionados a usar el oxígeno, pues gracias a este transformamos la glucosa y otras moléculas energéticas en combustible celular útil. La revista Hipernova señala al respecto: El problema de la combustión de alimentos y de moléculas energéticas es que a veces los electrones no son atrapados, quedando a la deriva en el interior del organismo, y uniéndose pronto a otras moléculas para formar compuestos altamente reactivos: se trata de los famosos radicales libres. Estos últimos no solamente dañan los tejidos internos, sino que al parecer también son capaces de alterar el código genético de las células. Las mitocondrias, que son las fábricas celulares de energía útil, son susceptibles a los ataques de los radicales libres, generando todavía más electrones descarriados.